METAECOLOGÍA. LA IDEA DE POESÍA EN TERESA CORASPE

  • Home
  • Без рубрики
  • METAECOLOGÍA. LA IDEA DE POESÍA EN TERESA CORASPE

Image result for Teresa Coraspe            Sólo la poesía a sus amorosos ampara; el abandonar su exigente comarca entonces las raras –selváticas- pasiones de la intemperie o la Nada aguardan. Algunos poetas lo saben, otros no éstos yerran, se disuelven, desaparecen. No hay más amparo para el trovador sino la poesía.

Anda holgadamente Teresa Coraspe en el laberinto de su difícil romería por haber revelado en ella esa otra dimensión del contemplar, el ver salvante –dispicecere- hecho de las Ideas. Entender así la aridez del arraigamiento cual una tentación únicamente acreedora del olvido o apenas sí recordar su escalofrío. Asumió ella en la estrella de caminos, veredas, sendas del misterio milagro de la belleza el de la poesía, el alto principado de las encandecidas palabras, imperceptible más certísimo don de Theós Apollo.

                        “Estos pasos que no me pertenecen
detienen su cansancio
junto al mar
Ah rostros visionarios
he andado hacia el fondo
allí donde terminan mis huesos”

(T.C.., Vuelvo con mis huesos, 1978).


Image result for Teresa CoraspeCorporiza la Idea de poesía en la escritura ódica de Teresa Coraspe, la maestitia.

Pero ¿qué habla la tristeza en la lírica?
Cuando al territorio de la existencia se desciende empréndese al romper la búsqueda para tratar de descubrir entre la opima heterogeneidad del mundo, en su tosca versión terrenal, lo belloverdaderobueno (la kalokagathía de aquellos lejanos griegos) cual pieza clave del puzle o el mapa donde de inmediato se vislumbraría la ruta infalible del retorno, la esperanza de enterrar para siempre bajo los peñascos de la eternidad al acechante dragón de la miseria de la temporalidad, escondido entre las ralas yerbas en la pradera de los días. 
Image result for Teresa Coraspe
Escasos quienes esa cifra, esa alhaja hallan. Ante el desasosiego de no toparse con la seña, el cuerpo oferta a cambio el señuelo, mediante la imperativa lectura del Sol, la posibilidad de los placeres somáticos, infinitos aunque robados a la naturaleza del relámpago, jugar al salto de la cuerda sobre a boca del vacío. Pero los poetas, personajes muy severos en su altivo silencio, optan por la propuesta restante, la melancolía. Empieza así el romeraje por los vericuetos de la vividura sobre el singular caballo con un verbo por nombre, “Esperar”. Dejando va al cantor o la cantora a lo largo del sendero los testimonios de sus pesquisas o de su fe en la reminiscencia (en la anamnesis) cual tributo de lealtad al destino o al misterio sobre el filo del riesgo de una creencia sus poemas.


“Una mujer se va
camino del verano
sin domingos
Se va sin detenerse
invadida de extrañas memorias
comienza a andar a la inversa
una mujer”
                                                           (T.C., Vértice del círculo, 1987).

                                                       -0-

Soledad, pueblo en la costa crinoquense del estado Anzoátegui situando, lo arrulla un rosario de hermosas circunstancias, desde su nombre, Yacente en una levemente inclinada planicie; en lo alto del declive, en lontananza se observa un cerrado verdor, parecieran bosques; en la parte opuesta el Orinoco sus orillas moja; el muy pálido azul de los cielos de Guayana en el verano lo envuelve. Conforman la parte vieja de la pequeña urbe dos o tres plazas a las cuales llegan las antiguas calles flanqueadas por casas construidas con dignidad arquitectónica, gallarda, encantadora, rasgo de las edificaciones domésticas de los poblados históricos de Venezuela. Pueblo nada tosco en los sectores originarios de su urbanismo. por el contrario sosegado, amurallado por la venustez de su conformación plástica. 

Cruzan por sobre sus techos las cálidas brisas provenientes de las selvas de la Orinoquia, uncida a ellas corretea  también, a veces, la tristeza, dicen. Allí, un día de 1970 –hasta la eternidad- Teresa Coraspe nace. Heredará su escritura lírica el aboliendo de ese afectivo entorno geográfico, la pulchritudo maiestatis de su paisaje el cual luego, desde dentro, mostrará en voces, en canto, la ódica de su existencia revelada en las estrofas de sus seis poemarios publicados hasta el presente. Incrementará ese tesoro emotivo, obviamente, a lo largo de su deambular por los parajes de los días con sus lecturas, su pasión por los saberes de los múltiples rostros de lo artístico, con su incesante pensar, más por sobre lo dicho, con la vida misma.

Hay, empero, otra soledad. Compuso Safo de Mitilene (S. VI a. C.) –“Safo, de trenzas violeta, pura Safo de dulce sonrisa”, Alceo- en su gratísima, fértil, isla de Lesbos arropada por las auras del Mar Egeo, un patético poema –“al son de la flauta de Lesbos Aquíloco- donde rima en sorprendentes versos cortos (la estructura estrófica inventada por ella, después llamada sáfico-adónica) el patetismo de una mujer sola en su lecho mientras transcurren las horas de la noche,

"Έχουν σίγουρα κρυμμένο φεγγάρι
και οι Πλειάδες.
Τα μεσάνυχτα, στη συνέχεια,
αφήστε ώρες,
αλλά εγώ, μόνος, κοιμάμαι ". 

            
Traduzco: 

 “Se han ocultado ciertamente la Luna
y las Pléyades.
Medianoche entonces,
se marchan las horas,
pero yo, sola, duermo”.

Vigoriza, definitivamente, la solicitud los cantos. Aguardar las noches, sola en su cama una mujer -¡una mujer!- ha sido tema desde la literatura hasta el cine.
Aunque conocedora de la ódica de Safo, en la composición siguiente de Teresa Coraspe, no hay influencia sino esa coincidencia existencial o tal vez fabularía.

“Tejo y destejo cual Penélope a la espera de Odiseo
sólo que yo no espero a nadie
sino el amanecer frio y sin voces
donde el recuerdo enhebra las edades
y da cuenta de las cosas idas que ya nunca más vuelven
Tejo y destejo la madrugada”
                                                                             (T.C., La casa sin puertas,2004).

 
Reposa la elocución lírica de Teresa Coraspe en seis libros publicados hasta el presente (2001); versos, estrofas, composiciones depositarias de su pulchiritudo cantici. Concebidos en Ciudad Bolívar, valga decir en el extremo sur del País, muy lejos de las metrópolis posesoras de sus grandes instituciones culturales: de Universidades,  bibliotecas, librerías, museos de arte, galerías, enormes teatros, cinematecas, complejos talleres de impresión; distante pues de Caracas, Maracaibo, Mérida. 

Dificultades objetivas transformadas paradójicamente en piedras de toque para probar su talento creativo. Autora Teresa Coraspe de una poesía sugestiva en su densidad existencial, de pensamiento, de vivencialidad. Trabajados sus opúsculos con responsabilidad ante la tradición humanística venezolana, con dedicación en la escogencia con tino de los vocablos adecuados para el fluir de sus sentimientos. Escritura dignísima donde se graba un acontecer de la condición humana, la melancolía, la maestitia.

“Hoy amaneció la tristeza
Me acompañó por la ciudad
La sentí como una delgada luz plateada
Y era azul el sentir
Mágica montaña que no se logra alcanzar
Allí estabas con una incomprensible alegría.
Con la nostalgia de mi ser
la delgada luz de plata en mi interior
y el mágico azul de mi sentir me despedí”.
(T.C., Este silencio, siempre, 1991).


Podría asumir acaso Teresa Coraspe, en el horizonte de su actual temporalidad, la frase de Cicerón acie mentis dispicio  (“Veo con la agudeza de los ojos del espíritu”).
En fin, sólo la poesía salva a sus feligreses, a sus feligresas, cuando son verdaderos, auténticos, cuando la dignifican.

Por Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano