METAECOLOGÍA: DECOROSA DEL AMBIENTE: LA GESTA PICTÓRICA DE JUAN LOYOLA

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282_14886283317_14883383317_527930_9113_nEn el mundo de la pintura venezolana contemporánea ninguno de sus ejecutantes en sus disímiles estratos se detuvo a pensar en la fuerza cromática de los tres colores de la andera nacional. Colores  – ser, colores –  entidad por ello substancia los matices del espectro  luminoso.  Dichos tres colores son absolutos en sí mismos.  La Guerra de Independencia los hizo así, los dotó de absolutez, los decantó.  Al través de esos radicales años las variadas propuestas de tonos, de tintes, desaparecieron junto a las ambigüedades inaceptables durante la contienda para concentrarse en la expresión de las firmeza ideológica de la lid por la libertad de la Patriaen su diáfano hacerse. La absolutez cromática natural de esos tres colores primarios  -amarillo, azul, rojo-  se fortalece en la identidad de la firmeza de la historia del territorio,  de su Guerra de Emancipación, expresado claramente en su bandera.

Descubrió Juan Loyera la poderosa fuerza de la creatividad artística de esos tres colores en su juego disposicional ordenados así por el inteligente mandato de los forjadores de  la Nación: primero el amarillo, segundo el azul, tercero el rojo expresantes esos tres pigmentos originarios en su ingeniosa disposición del mismo impulso anímico nutriente del huracán de la lucha independentista. La pureza de esas tres franjas cromáticas absolutas en su justa colocación soslayan,  ninguna  cualquiera simplista adjudicación  al mero azar, su ludismo disposicional esencia el ícono y símbolo de la revolución emancipadora al través de su gloriosa bandera. Nadie leyó antes de manera tan clara, tan visible, los colores de la bandera venezolana cual lo hizo el pintor venezolano Juan Loyera, para luego verterlos dignamente en las obras de su arte pictórico con aportativa, sorprendente e imaginativa creatividad.

            Nació Juan Loyola en Caracas en 1952.  A los 47 años, en Catia La Mar, en 1999 muere. Vigorosa en conocimientos, en disciplina académica fue su formación de artista de la plática, obtenida en diversas escuelas de pintura y escultura de Caracas. Substanciaron la belleza de la plástica de Juan Loyola varios impulsos artísticos estratégicos alimentados con las señales de las luchas por mejorar las condiciones de existencia de la humanidad surgidas en las décadas de la segunda mitad de la centuria anterior.  El primero de esos impulsos su vertical honestidad en la labor composicional, en su hacer arte. El segundo, su amor a la Patria. El tercero la defensa del ambiente con el instrumento de la pintura, dirigida ésta hacia vívidas acciones reales, eficientes: cubrir con los colores de la bandera los espacios afeados por la desidia, la pereza de los malos ciudadanos: paredes de las calles, esquinas, rincones, carros abandonados, sitios feos, repugnantes, vergonzosos a la mirada de la buena gente.  ¿Pero cómo revertir esos grotescos ámbitos?  Convirtiendo esos feos espacios en gratos parajes con su imaginación creadora de artista plástico al través del lúdico, armonioso uso de los colores de la bandera venezolana. 


Transformaba Juan Loyola en cuestión de uno o dos días un área degradada por la estupidez de los transeúntes en una heredad luminosa, agresivamente hermosa con su tricolaridad. Nacía así la primera fase de su obra plástica: la llamada inmóvil fehaciente testimonio de su manera de abogar por la protección del ambiente.  Consistía la segunda fase, para garantizar la trascendencia del esfuerzo, en tomar fotografías de la obra inmóvil para reproducirlas luego en cartulinas u otro material capaz de recibir la impresión gráfica.  Representaba la fase final la divulgación de sus singulares creaciones: la venta, la colocación en bibliotecas, exposiciones, la distribución entre los ambientalistas, ecologistas, otros pintores, en fin en aquellas personas interesadas en el quehacer plástico de este revolucionario artista.

            Recorrió de este modo buena parte de Venezuela: aldeas, caminos, urbes, plazas, parajes afeados, en su afán de mostrar un destino social diferente para el arte de la pintura, compartir los museos, los salones, las galerías, con el pintar al aire libre. Llevó también su original manera de crear arte plástico con los colores de la bandera venezolana por países iberoamericanos:  Brasil, Ecuador, Argentina, Paraguay. Uruguay; en esta última nación conoció a uno de los grandes creadores del  performance y de la poesía visualista en Sur América, su gran amigo del poeta Clemente.


            Nacieron libres las palabras, obviamente; hará ello su ser: abiertas, luminosas, irradiantes. Los académicos, algunos escritores en sus dogmas pretenden instituirlas, un inocente afán  –con buena intención-  de evitar salgan en estampida.  Más el poeta la jaula debe abrir  –“Descuelga de la encina carcomida / tu dulce lira de oro”…A. Bello- dejarlas en su fantástica libertad jugar.  Convertirse así en su cómplice, encender el hechizo, iniciar la aventura de la poesía.

Después que pase la procesión
voy a recorrer las calles de la ciudad
                        barrida por los vientos
Visitaré las iglesias vacías de fieles
y la plaza sin flores  profanas
                        La serpiente de las siete leguas
                        despertará las piedras
los bárbaros serán marcados
y los habitantes al fin
despertará del letargo.

Teresa Coraspe, Tanta nada para tanto infierno.
(Ciudad Bolívar, 1994. p. 89)

            El pensar hilvanando con los vocablos de la exposición teórica,  las tres composiciones seleccionadas  –poemas absolutos-  lo ratifican.


Mérida, MMXI
Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano






Juan Loyola




Intervencion del artista integral Juan Loyola en el caoítulo final de la novela venezolana 
"La Inolvidable" donde hace una proclama 

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